El silencio; ese lugar donde más incómodos estamos al principio, al ser donde escuchamos más nuestro propio desencuentro.
No se trata de buscar un centro de quietud eludiendo las voces interiores, se trata de entrar en esa quietud y escuchar a cada una de esas voces, para saber lo que tienen que decirnos.
Aguantar el dolor al ver nuestro propio abandono y, tener la valentía de no salir corriendo, sino de darnos ese amor que nos falta, comprensión y compasión, con los ojos bien abiertos.
Eres tu propia madre y tu propio padre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario