Y si el mar azota tan fuerte que me arranca de la roca a la que estoy agarrada,
disolveré mis fuerzas para mezclarlas con tus ganas,
y dejaré que el oleaje me lleve, me sumerja y me eleve para tomar aire,
y volveré al fondo del océano a encontrarme con mi vida.
Entre algas me impulsaré aguantando la respiración, hasta que haya algo más que aire para respirar,
y tu esencia me hable y no pueda volver a sentirme perdida en el inmenso océano de mis sentimientos.
Remaré entonces sobre la barca de mi poder conquistado, lo entregaré al mundo,
y el viento susurrara que soy libre, y yo gritaré que al fin lo soy!.
Mis ganas y las tuyas me llevarán a arribar a una inmensa playa de arenas blancas, donde solo habita el Amor,
donde los tiburones ya no me alcanzan,
donde las gaviotas no se atreverán a picotear mi alma, robando los restos de lo que fui,
pues lo que fui resurgió del lodo y creció y se hizo tan grande y fuerte que es intocable,
porque siempre lo fue, y en la conciencia de mi invulnerabilidad, me volveré vulnerable,
al aire que ya no es aire, que acaricia mi poderoso y completo ser,
en toda mi fragilidad, volví a recuperar mi poder,
el amor no conoce enemigo, no hay nada que lo pueda dañar, nada que lo ahogue.
Gritaré de nuevo, una y otra vez, que aquí estoy esperando sin esperar nada, al naufrago que como yo, se atreva a arribar a esta playa.
Y cuando llegue a mi orilla repoblaremos juntos, este paraíso recordado, donde todo esta por crear,
desde donde caben todas las posibilidades y más.
Las palmeras con su canto indican el comienzo del todo,
el final de la nada, y tu estas apareciendo en el horizonte sagrado de tu alma, de mi alma, una sola alma.
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